El 25 de abril de 1974 a la orden del Grândola, Vila Morena, el Movimento das Forças Armadas ocupaba lugares estratégicos de Portugal para provocar la caída de la dictadura portuguesa. Comenzaba la Revolución de los claveles, y la oposición democrática, con el inestimable trabajo del PCP, ponía fin a casi 50 años de dictadura.


El pueblo portugués, apoyado en el MFA, impuso sus exigencias democráticas y sociales y abrió un período constituyente que terminó con la aprobación de una constitución dos años después. Este movimiento revolucionario cuajó en la conciencia del pueblo portugués, que todavía reclama la necesidad de retomar los principios y la energía revolucionaria del 25 de abril. Esa lucha revolucionaria evidencia las diferencias con la Transición española, donde el propio régimen franquista se erigió en director del proceso de democratización, y las fuerzas de izquierdas no fueron capaces de romper el vínculo entre franquismo y Régimen del 78.

Otro 25 de abril más, la Revolución de los Claveles sirve de ejemplo para las luchas actuales. La unidad del Pueblo portugués para poner fin a la dictadura ejemplifica la fuerza de la unidad popular para parar los ataques a la clase obrera y las capas populares. El arrojo revolucionario demuestra que la dignidad se conquista en la movilización, y que contar con quienes han sometido al Pueblo a la precariedad, la represión y la dictadura sólo servirá para limitar las posibilidades de la lucha. La traición del PS demuestra el papel de la socialdemocracia europea y su lealtad al sistema capitalista. Con esta experiencia, se han de afrontar los retos de la clase obrera en la actualidad, asegurando que la lucha contra el Régimen del 78 se dé en una clave revolucionaria, popular y con la vista puesta en el socialismo.